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En las instalaciones de SIAM, a tan solo 5 km del aeropuerto de Bangkok, las mañanas empiezan temprano. Hubo un tiempo en que SIAM era el nombre de este país; hoy, es nuestro nombre.
A las 7 de la mañana, la actividad ya es frenética: el ritual no consiste en café y cruasanes, sino en un plato caliente de fideos en el comedor del personal. Todos sonríen: esto es Tailandia.
A medida que avanza el día, el almacén cobra vida. El equipo de logística prepara los palés para la carga, mientras la producción está en pleno apogeo: las botellas tintinean, las especias se mezclan y un aroma inconfundible impregna el ambiente. Es como una pequeña ciudad en constante movimiento.
Pronto llega el primer contenedor. Comienza la carga: un preciso ballet de carretillas elevadoras. Todo debe estar listo antes del mediodía para que todos los contenedores lleguen al puerto del sur el mismo día.
Pronto llega la hora del almuerzo. Se comparte en el comedor, siempre con alegría. En Tailandia, la comida es fundamental: el almuerzo es sagrado y nunca se pospone. "¿Kin khao mai?" es un saludo tailandés común, similar a preguntar "¿Cómo estás?", y significa "¿Has comido?".
Por la tarde, el ritmo vuelve a cambiar. Comienza el empaquetado, con los equipos coordinados y concentrados. Los productos se etiquetan en inglés como estándar, y luego se adaptan al árabe, chino, francés o español; cada caja está lista para viajar por el mundo. Es como viajar a través de los mercados globales desde el corazón de la sala de empaquetado.
Mientras tanto, el almacén recibe nuevos suministros, organizados mediante un sistema preciso de etiquetas RFID y seguimiento de palés, lo que garantiza una trazabilidad completa.
Con el despertar de Europa y Oriente Medio, la comunicación se intensifica. Para el equipo de exportación, la mañana es Asia, la tarde Europa y Oriente Medio, y la noche América: correos electrónicos y WhatsApp no paran de sonar. La capacidad de respuesta es nuestra esencia: contestamos en menos de 30 minutos, casi siempre al instante.
Oh… y así, sin más, el día se acabó. Una última sonrisa… y con esto terminamos.
Tailandia, cerca del ecuador: amanece a las 6 de la mañana y anochece a las 6 de la tarde.
En los inicios de nuestra empresa, hace casi 20 años, recuerdo vívidamente a Marisa, Chana y yo etiquetando latas de crema de coco en la mesa de la cocina, colocando cuidadosamente etiquetas chinas para Hong Kong.
En aquel entonces, solo éramos nosotros tres: sin sistemas, solo energía, instinto y un poco de locura.
Hoy, las cosas han cambiado. Exportamos a 27 países, cada uno con sus propios requisitos, idiomas y expectativas. Todos nuestros productos se adaptan, etiquetan y preparan para viajar por todo el mundo, desde Taipéi hasta Los Ángeles, gracias a un software propio con inteligencia artificial totalmente integrada y un equipo experimentado.
Lo que empezó en la mesa de una cocina ahora se distribuye a través de almacenes, contenedores y cadenas de suministro globales. Pero el espíritu sigue siendo el mismo.
Y esto es solo el principio.
Hervé Haurie,
Socio gerente
Todo comenzó con una idea sencilla: el sabor tailandés encaja en todas partes. No solo en la cocina tailandesa, sino en cualquier cosa. Cocina francesa, tex-mex, carnes a la parrilla, platos cotidianos… basta con un toque picante, un soplo de frescura, una chispa de Tailandia.
¿Y qué mejor inspiración que el Tom Yam? Fresco, picante y vibrante: no es solo un sabor, es un despertar instantáneo.
Nuestro toque personal: una delicada adición de flor de sal tailandesa de origen local, que realza cada nota con precisión.
Lo que comenzó con Tom Yam se ha convertido en una colección completa de mezclas:
Ahora disponible en prácticos sobres monodosis de 20 g: gran sabor, listo para usar cuando lo necesites.
Lleva la energía de nuestra cocina de Bangkok a tu mesa con la colección completa de condimentos de SIAM:
Cuéntanos cómo usas los condimentos SIAM en casa: a la parrilla, en sopas o directamente del sobre. Tu cocina, tu historia, siempre con un toque tailandés. 🌶️🇹🇭